El presidente Luis Abinader partió este miércoles hacia Washington, Estados Unidos, en un viaje oficial cuya agenda confirmada es breve, pero sugiere tensiones y silencios llamativos.
De manera oficial, el mandatario dominicano recibirá un galardón por parte del Instituto Congresual de Liderazgo Hispano (CHLI), y sostendrá una "reunión bilateral" con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
La discreción sobre los temas que abordará el encuentro con Rubio ha levantado más preguntas que respuestas. La única mención pública al respecto por parte del Gobierno dominicano se limita a confirmar que la cita se dará. Nada más.
El contexto en que se realiza esta reunión es, como mínimo, incómodo. En febrero pasado, el propio presidente Abinader fue tajante al rechazar la posibilidad de que República Dominicana reciba deportados de otros países.
"De Pedernales para allá no tenemos obligación ni aceptaremos recibir personas de otros países", dijo el mandatario en LA Semanal con la Prensa del 3 de febrero, en respuesta a un periodista que lo cuestionó sobre posibles acuerdos migratorios con terceros países.
Esa declaración ocurrió poco antes de la visita de Marco Rubio a Santo Domingo.

